Los femicidios son la cara más cruenta de la violencia de género, se trata del asesinato violento de una mujer por un varón que la considera de su propiedad.
MARÍA LAURA POSTIGLIONE*
En nuestra provincia en los últimos meses hemos asistido a una escalada en casos de violencia hacia las mujeres y femicidios. Al mismo tiempo, se dio una mayor visibilidad a través de los medios de comunicación. Casos tan emblemáticos y dolorosos como el doble crimen de las francesas, el femicidio de Cintia Fernández o el hallazgo de restos óseos de mujeres en Cafayate y Pichanal. También se registró un incremento de denuncias de violencia en los tribunales locales.
Asimismo, destacamos como parte del actual estado de situación que Salta encabezó el año pasado las cifras de femicidios, registrándose 19 casos, quedando en cuarto lugar nacional, pero respecto a la cantidad de población en el primero. Los femicidios son la cara más cruenta de la violencia de género, se trata del asesinato violento de una mujer por un varón que la considera de su propiedad.
¿Y por qué decimos que la violencia es de género? Principalmente por dos motivos, uno cuantitativo y otro, quizá el más importante, relacionado con su causa.
En cuanto al primero, podemos decir que la enorme mayoría de casos de violencia registrados tienen como víctima a mujeres. Esto surge de los datos aportados por el Poder Judicial de Salta. Lo mismo sucede a nivel nacional, donde según datos del Observatorio de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de abril de 2012, el sesenta y dos por ciento de las víctimas son mujeres, mientras que el dieciséis por ciento niños quince por ciento niñas en tanto que sólo un siete por cientocorresponde a varones.
En cuanto a lo segundo, pondremos, previamente, en claro algunos conceptos. Cuando hablamos de género y proponemos incorporar la perspectiva de género como una forma de observar e intervenir en la realidad estamos haciendo alusión a las construcciones sociales, roles, lugares y atribuciones que se asignan a varones y mujeres y que, basadas en un dato biológico, se transforman en desigualdad social.
En tanto, decimos que patriarcado es el conjunto de creencias, valores y costumbres que sustentan la desigualdad. La teórica feminista Heidi Hartmann (1980) lo define como “el conjunto de relaciones sociales entre los varones, relaciones que, si bien son jerárquicas, establecen vínculos de interdependencia y solidaridad entre ellos para dominar a las mujeres” .
Poniendo en limpio: la violencia de la que estamos hablando tiene como fundamento un determinado sistema de creencias que colocan a la mujer en un lugar de subordinación, que se reproduce con el transcurso del tiempo de generación en generación y seguirá reproduciéndose en tanto no se problematice.
Analizar estas consideraciones previas, de cantidad de denuncias y de su causa u origen en verdad nos tiene que servir para encuadrar correctamente la violencia. Muchas veces existe reticencia para hablar de violencia de género, este tipo de violencia que se ejerce contra las mujeres, que se basa en una relación desigual de poder (ley 26487). La importancia de su correcto encuadre radica en que se podrá realizar un adecuado abordaje, más certero.
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| Evangelina Aybar |
No es casual, entonces, que en Salta, provincia con una cultura arraigadamente conservadora se den esta clase de fenómenos. Donde sus altos cargos ejecutivos, por su parte, niegan permanentemente que esto esté pasando, y constantemente reiteran que tenemos la más baja tasa de criminalidad del país.
¿Cómo hacer para disminuir las cifras alarmantes de violencia de género?
En primer lugar, reconociendo el problema, entendiendo su causa y origen.
Luego, haciendo prevención. Pero no cualquier tipo, no de aquella que exhibe lugares comunes, sino un mensaje destinado a promover valores equitativos en cuanto al género, que deconstruya la visión de que las mujeres podemos ser pasibles de pertenecer a alguien, que podemos ser objeto de malos tratos, que tenemos que responder sexualmente a los varones, porque así lo dicta la naturaleza. Tenemos que hablar –sobre todo con los más jóvenes- de que controlar los mensajes en el celular, decir cómo nos debemos vestir y como no, con quienes podemos o no podemos hablar, son signos de que algo malo está pasando y que eso no es normal, es la antesala de una relación de violencia. En Salta dado que no se aplica la ley nacional 26150 –de educación sexual integral- nuestros adolescentes, niños y niñas no cuentan con herramientas para entender esta problemática, menos para prevenirla y erradicarla. Además, se siguen transmitiendo mensajes machistas, tanto a través de los medios de comunicación como de la reproducción cultural de costumbres, hábitos y modos de pensar, los cuales lejos de problematizar el patriarcado, lo refuerzan.
Por otra parte, como siempre lo decimos, deben mejorarse los sistemas de asistencia a las víctimas y la administración de justicia. Entendemos que hay por parte de algunos/as funcionarios, profesionales y técnicos el compromiso necesario para ello. Sin embargo, en las altas esferas persiste una mirada que niega que se trate de un problema social grave, y sólo se limita a encuadrar a la violencia como “familiar”, es decir, definiendo la violencia por el ámbito donde sucede o por el vínculo entre víctima y victimario. Esto no es arbitrario, está así definido en la ley provincial 7403 (2006), de protección integral a las víctimas de violencia familiar. Creemos que se debe ampliar la mirada por varias razones: porque está plenamente vigente en la provincia la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer de Belem do Pará (1994) y la ley 26485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos donde desarrollen sus relaciones interpersonales (2009), dos de las normas más importantes que imprimen una mirada de género a este problema social.
Para concluir, reiteramos nuestra convicción de que es fundamental incorporar la perspectiva de género en las políticas públicas de prevención, asistencia y erradicación de la violencia. La ciudadanía salteña está sensibilizada con la problemática, pero es fundamental que se explicite cuál es la causa de este flagelo y se promuevan nuevos modelos sociales de feminidades y masculinidades en pos de una mayor equidad. Finalmente, creemos que tenemos que involucrarnos todos y todas, pues no podrán verse cambios sin una amplia participación social y un fuerte compromiso estatal.
* Abogada (UBA), Especialista en Abordaje de Problemáticas Sociales (UNLa)
Coordinadora de MuMaLá – Mujeres de la Matria Latinoamericana.

